El 7 de diciembre de 1826 quedó instalada en Curicó la Asamblea Provincial de Colchagua, el parlamento que las Leyes Federales habían previsto para dotar de autonomía a la nueva provincia. La integraron dieciocho diputados, entre los que se contaban Antonio del Castillo y Saravia (por Pumanque), Juan José Echenique (Pichidegua), Francisco Javier Lira (Reto), José Clemente Ramírez (El Olivar), Pedro Rencoret (Nancagua), Juan Francisco Urzúa (Paredones) y Juan José Urivi, quien fue elegido su primer presidente. Como secretario ofició Luis Labarca, quien no tenía la calidad de diputado. La prensa santiaguina recibió con elogios el nacimiento de la corporación: “Esta Asamblea ha manifestado desde su principio mucha energía y patriotismo —anotó El Insurgente Araucano—. Sabemos que la mayor parte de sus miembros, por su conducta, fortuna y servicios, no marchan por intereses personales”. El vicepresidente de la república, Agustín de Eyzaguirre, comunicó solemnemente al Congreso Nacional la instalación del cuerpo, al que creía próximo a incorporar también a los diputados del departamento de Talca.
Esa energía patriótica, sin embargo, pronto se tradujo en un conflicto abierto con el poder ejecutivo provincial. Apenas nueve días después de constituida, la Asamblea recibió la ley del 11 de octubre de 1826 que encargaba a los cabildos la elección de los intendentes. Lejos de acatarla, un diputado mocionó suspenderla mientras la Sala discutía si era atribución suya o del Congreso Nacional reglar dicha elección. Aprobada la moción, el presidente Urivi ofició al intendente interino Isidoro de la Peña para que no diera curso a la ley. Este se negó, exigió conocer las atribuciones de la Asamblea y remitió el pliego de sufragios del Cabildo de San Fernando. La corporación insistió, ordenó al gobernador departamental y al cabildo sanfernandino no obedecer a De la Peña y mantuvo el depósito electoral sin escrutinio, “quemar el pliego cerrado” si el Congreso fallaba a su favor. El forcejeo, que la Asamblea justificó invocando el ejemplo de Santiago —que se había resistido en idéntico sentido—, subió al Congreso Nacional el 19 de diciembre. La respuesta fue salomónica: el asunto pasó a comisión y se mandó que, entretanto, las cosas permanecieran “en el estado actual”.
Pero el desafío más serio a la autoridad de la Asamblea colchagüina no vino de Santiago, sino del interior de la propia provincia. El departamento de Talca, cuyos vecinos se consideraban habitantes de una ciudad de mayor jerarquía que Curicó, rechazó de plano su pertenencia a Colchagua. Ningún diputado talquino se presentó a la Asamblea Provincial. En su lugar, el 26 de abril de 1827 se formó una Comisión Representativa que acordó separarse de la cuarta provincia y elegir una asamblea propia. El 19 de mayo de 1827 quedó instalada la Asamblea Departamental de Talca bajo la presidencia de José Miguel Opazo y Artigas, con once diputados representando a Talca, Lontué, Curepto, Pelarco, Pencahue y Talpén. Su comunicado al Congreso Nacional fue inequívoco: “Talca era independiente de hecho de la cuarta provincia”. La declaración se amparaba en un argumento federal llevado al extremo: “El derecho que tienen los pueblos libres antes de ligarse con los pactos de la sociedad”. La Asamblea talquina, recibida con júbilo por el cabildo local —que declaró el 20 de mayo como día nacional de la ciudad—, se constituyó en un parlamento paralelo que, a juicio del historiador Rafael Poblete, “revelaba la anarquía en que vivía la República” y constituía, en los hechos, “una revolución pacífica”.
Mientras Talca consumaba su rebeldía, la Asamblea Provincial de Colchagua proseguía sus labores en condiciones precarias. El 22 de marzo de 1827 acordó sesionar provisoriamente en Nancagua, al interior del departamento de San Fernando, y en esa misma fecha el nuevo presidente, Francisco de Borja Orihuela, reiteró a las autoridades sanfernandinas la orden de no reconocer ni obedecer al intendente De la Peña, por cuanto la Asamblea tenía “justos motivos de retirarle el poder ejecutivo provincial que administraba”. La presidencia rotó en esos meses por varios diputados: tras Urivi la ocuparon Mateo Labra Cervelle, el propio Orihuela y Pedro Rencoret Cienfuegos. La primera asamblea cesó su existencia hacia enero de 1828, sin haber logrado someter a Talca ni afirmar plenamente su autoridad sobre todo el territorio provincial.
La institución conoció dos reencarnaciones posteriores, siempre marcadas por la ausencia de los talquinos. Una segunda asamblea operó desde el 31 de mayo de 1829, presidida por Francisco Pérez de Valenzuela y con diputados de Curicó y San Fernando como Romualdo González, Juan José Echenique, José Toribio Lira y Lucas Grez. La tercera y última se constituyó el 17 de junio de 1831, bajo la batuta de Ramón Sepúlveda Salcedo. La Asamblea Provincial de Colchagua, nacida en medio de la fiebre federal y hostigada por la secesión de Talca, dejaba así, pese a todo, una huella perdurable en la organización del territorio.
