Hacia 1845, Chile era gobernado por el presidente Manuel Bulnes, en una época marcada por el incipiente esfuerzo del Estado de expandir la educación pública más allá de la capital. En San Fernando, capital de la provincia de Colchagua, la situación educativa formal se limitaba a las escuelas primarias. Sin embargo, las autoridades locales y los vecinos comprendían que el progreso de su sociedad dependía de ofrecer una “instrucción más extensa” para sus jóvenes.
Fue así como el entonces intendente de Colchagua José María Vergara Albano elevó una nota al gobierno central el 30 de noviembre de 1845, manifestando la disposición y el anhelo de los ciudadanos de favorecer el establecimiento de un colegio literario provincial que impartiera cursos de humanidades. La respuesta del gobierno no se hizo esperar y quedó plasmada en el histórico Decreto Supremo del 26 de febrero de 1846, firmado por el Presidente Manuel Bulnes y el ministro Antonio Varas. Este documento es el acta de nacimiento oficial de la educación secundaria colchagüina.
El decreto establecía con claridad sus propósitos y su financiamiento:
“Vista la nota precedente del Intendente de Colchagua […] y considerando que es necesario que en San Fernando, capital de la provincia de Colchagua, se de una instrucción más extensa que la que se recibe en las escuelas primarias y que, los vecinos de aquella ciudad se hallan dispuestos a favorecer un establecimiento de esta clase […] he venido en acordar y decreto:
Art. 1.° Se establecerá un colegio en la ciudad de San Fernando, capital de la provincia de Colchagua.
Art. 2.° Se enseñarán en este establecimiento todos los ramos comprendidos en las cuatro primeras clases del curso de humanidades fijado para los colegios literarios provinciales.
Art. 3.° Se asigna como fondos de este establecimiento la cantidad de seiscientos pesos que serán entregados mensualmente…”
— Extracto del Decreto Supremo de 1846
Para materializar este proyecto, el mismo decreto fundacional, en su artículo cuarto, nombró como primer director (rector) del “Colejio de San Fernando” a don Toribio Sotomayor, asignándole una renta anual de seiscientos pesos. Sotomayor no solo debía dirigir el establecimiento, sino que por aquel entonces estaba obligado a impartir personalmente “la primera clase del curso de humanidades”. La misión de Sotomayor fue titánica: debía poner en marcha un liceo desde cero. La primera sede de esta naciente institución se estableció en un inmueble ubicado en la antigua calle Talcahuano (hoy calle España). De acuerdo a los registros, era una casona que contaba con tres patios. Alrededor de ellos se distribuían las austeras salas de clases y otras dependencias propias de los recintos educativos del siglo XIX, como la denominada “sala de encierros” para la disciplina estudiantil. La fundación del Liceo de Hombres en 1846 fue la piedra angular que permitió a generaciones de jóvenes de Colchagua acceder a la cultura, las humanidades y las ciencias sin tener que abandonar su provincia.
A lo largo de su historia, el Liceo de Hombres de San Fernando transitó por diversas sedes, destacando inicialmente un edificio en la plazuela de San Francisco reseñado en 1872, hasta establecerse en su emblemático recinto definitivo de estilo neoclásico, construido entre el gobierno de José Manuel Balmaceda y el año 1901. Esta imponente estructura de ladrillo y pino oregón —que llegó a ser utilizada como guarnición militar por el bando oficialista durante la Guerra Civil de 1891— se convirtió en un pilar fundamental para la ciudad, llevando desde 1960 el nombre de su exrector, Neandro Schilling. Debido a su invaluable aporte arquitectónico, su importancia urbana y su profundo arraigo en la memoria colectiva tras educar a miles de jóvenes colchagüinos, el histórico inmueble fue declarado Monumento Histórico Nacional en diciembre de 1995.

El rector Neandro Schilling entrega un discurso en la conmemoración del centenario del liceo, en 1946. Fotografía del archivo del liceo.