Discursos María Alejandra Gómez Toledo Pronunciado por

María Alejandra Gómez Toledo

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Fecha de publicación calendar_month 30 de Agosto de 2026
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Discurso de María Alejandra Toledo en la conmemoración del Bicentenario

SEMBLANZA DE COLCHAGUA EN SU BICENTENARIO
30 de agosto de 2026

Muy buenos días.

Contadores de patrias, es una idea que acuñó Gabriela Mistral y que quisiera recordar esta mañana:  “Yo no sé que haya un empleo mejor de nuestras potencias que decir el terrón natal…Los contadores de patrias cumplen de veras un acto de amor”.

Y quizás eso sea también lo que hoy venimos a hacer. Venimos a contar nuestra patria cercana. A contar Colchagua. Hace exactamente doscientos años, el 30 de agosto de 1826, la naciente República organizó su territorio en ocho provincias, dando a Colchagua el carácter de una de ellas. Pero nuestra historia había comenzado mucho antes. Porque antes de los mapas y de las leyes estaba la tierra. Y estaban las personas. Estaban los caminos, los campos cultivados, los pequeños poblados y las familias que hicieron de este territorio su lugar en el mundo.

Por estos mismos campos cabalgó Manuel Rodríguez durante los difíciles años de la Independencia, haciendo de Colchagua uno de los territorios fundamentales de la resistencia patriota. Su memoria quedó unida también a la de Francisca de Paula Segura, cuya historia permanece hasta nuestros días profundamente arraigada en la memoria de Pumanque.

Más tarde, otros colchagüinos servirían al país desde distintos lugares. Entre ellos, el coronel Manuel José Soffia, intendente de Colchagua y comandante del Batallón Colchagua durante la Guerra del Pacífico, cuyos restos descansan hoy en San Fernando.

Pero la historia de una provincia no se construye solamente desde los grandes acontecimientos. Se construye, sobre todo, en la vida cotidiana. Y si existe una imagen capaz de atravesar estos doscientos años de historia colchagüina, es la de sus hombres y mujeres trabajando la tierra.

Generaciones de campesinos y campesinas aprendieron a conocer sus ciclos: cuándo sembrar, cuándo cosechar, cuándo esperar. Manos que trabajaron el trigo y la vid; que cuidaron animales, abrieron surcos y levantaron cercos; que madrugaron durante generaciones cuando todavía estaba oscuro y regresaron a sus casas cuando terminaba la jornada. Pero junto al trabajo de la tierra se construyó también una cultura. Allí están nuestras comidas, nuestras fiestas y celebraciones religiosas; las tonadas y el canto a lo divino; los saberes transmitidos de padres a hijos; las artesanías de paja de trigo, el mimbre, las bordadoras, y tantos oficios nacidos de aquello que el propio territorio fue entregando.

Porque el campesinado colchagüino no solamente produjo alimento: produjo paisaje, comunidad y cultura. Y desde esa misma tierra surgieron también quienes encontraron otras maneras de contarla: la pionera Agustina Gutiérrez Salazar y Alberto Valenzuela Llanos desde las artes visuales; Gonzalo Drago y Mauricio Wacquez desde la literatura; Los de Ramón desde la música y tantos otros hombres y mujeres que llevaron algo de Colchagua consigo.

Pero junto a ellos existen miles de nombres que nunca quedaron escritos. A ellos también pertenece este Bicentenario.

A nuestros abuelos y abuelas. A quienes sembraron una tierra que cosecharían otros. A quienes levantaron escuelas, caminos, barrios y pueblos. A quienes enseñaron, cuidaron, crearon y trabajaron. A quienes permanecieron aquí cuando los tiempos eran difíciles.

Por eso hoy celebramos. Celebramos para recordar, para agradecer y también celebramos para comprometernos. Porque hemos recibido una tierra generosa y tenemos la responsabilidad de procurar que sus bendiciones alcancen a todos.

Doscientos años después, volvemos a contar nuestra patria. Y al hacerlo comprendemos que Colchagua no es solamente una provincia dibujada sobre un mapa. Colchagua es su gente. La que estuvo antes que nosotros. La que estamos hoy. Y aquella que, dentro de cien años, recibirá la tierra que seamos capaces de dejarle.

Que este Bicentenario sea, entonces, nuestro agradecimiento a quienes nos precedieron y nuestro compromiso con quienes vendrán. Porque contar Colchagua es también una manera de quererla.

Feliz Bicentenario, querida provincia de Colchagua. Muchas gracias.