La costa de Colchagua había tenido siempre una relación distante con su capital, San Fernando, situada en el valle central. La lejanía geográfica, agravada por caminos intransitables en invierno y una administración que rara vez atendía sus particularidades, alimentó durante décadas la aspiración de los pueblos costeros de contar con gobierno propio. El efímero departamento Cardenal Caro, creado por ley el 4 de septiembre de 1973 con capital en Marchigüe, fue la primera concreción de ese anhelo, pero el golpe de Estado de ese mismo mes y la posterior regionalización de 1976 lo suprimieron, fusionándolo con los antiguos departamentos de San Fernando y Santa Cruz para conformar una nueva provincia de Colchagua. La unificación, sin embargo, no hizo sino agudizar la percepción de postergación en el litoral.
Fue entonces que un grupo de vecinos de Pichilemu, encabezados por el comerciante y exregidor del Partido Nacional Osvaldo Vidal Vidal, constituyó el Comité Pro-Provincia Cardenal Caro para restaurar el antiguo departamento como provincia bajo el nuevo ordenamiento territorial. La iniciativa encontró eco en Marchigüe y también en Santa Cruz, aunque cada cual con su propia aspiración de capitalidad. La Comisión Nacional de Reforma Administrativa (CONARA) había advertido ya en 1974 que en Colchagua existían dos áreas marcadas: «la depresión intermedia, con un hábitat concentrado, similar al de las microrregiones vecinas; y el sector costero, con una densidad menor y una mayor dispersión de la población». El diagnóstico fundamentó la creación de una provincia costera que, según la propia CONARA, «corresponde a la zona costera y de secano de la VI Región, por su acentuado carácter de área deprimida, con graves problemas sociales y que requiere de un tratamiento diferente».
La elección de la capital recayó en Pichilemu, pese a los reclamos de Marchigüe, que ostentaba la capitalidad departamental previa, y de Santa Cruz, que argumentaba poseer una base demográfica más fuerte y excelente infraestructura heredada de su antigua condición de cabecera de departamento. La CONARA justificó su decisión señalando que Pichilemu era el núcleo urbano con más población dentro del territorio propuesto y que «su condición de centro turístico la identifica mejor con el rol que le asigna la estrategia regional de desarrollo a esta provincia». Reconoció, sin embargo, que las condiciones viales imperantes hacían más expedita la accesibilidad desde Navidad y Rosario a Marchigüe que a Pichilemu, pero confió en que la mejora de la infraestructura corregiría esa desventaja.
En San Fernando, la noticia de que se desmembraría la provincia de Colchagua para crear la nueva jurisdicción fue recibida con abierta hostilidad. El periódico Inquietudes, que desafiaba las restricciones del régimen, publicó en octubre de 1979 un artículo del escritor Enrique Neiman que expresó el sentir de muchos colchagüinos: «Perdimos la categoría de intendencia, no tenemos ni un cine. Éramos cabeza zonal en varias ramas administrativas y hoy somos cola de ratón. Como si fuera poco, usted, presidente Pinochet, ahora trae fresca tinta para firmar un decreto en que se nos quita la mitad del territorio. A costillas nuestras forma otra provincia. Con su firma, nos achica unas cuantas leguas en terreno y en prestigio». La publicación fue suspendida indefinidamente tras la aparición del texto.
El 20 de septiembre de 1979, Augusto Pinochet firmó el decreto ley N.° 2.867 que creó la provincia Cardenal Caro, en homenaje al cardenal José María Caro Rodríguez, nacido en la zona. La nueva provincia comprendió las comunas costeras de Pichilemu, Paredones, Marchigüe, Litueche (antes Rosario), La Estrella y Navidad, todas escindidas de Colchagua. El general visitó Pichilemu el 3 de octubre para un acto simbólico en la avenida Ortúzar, donde fue nombrado ciudadano ilustre entre banderitas chilenas y una gran parrillada organizada por el comité pro-provincia. La provincia de Colchagua, por su parte, quedó reducida a diez comunas interiores: San Fernando, Chépica, Chimbarongo, Lolol, Nancagua, Palmilla, Peralillo, Placilla, Pumanque y Santa Cruz. Perdió así su histórica salida al mar, y con ella, una porción significativa de su identidad y extensión territorial que había conservado desde los tiempos del corregimiento.
