groups Comité Bicentenario de Colchagua

Fundación de “El Eco de San-Fernando”, primer periódico colchagüino

Cuando a fines de 1858 vio la luz en la capital provincial El Eco de San-Fernando, la provincia de Colchagua ya conocía la prensa periódica desde el año anterior: el 31 de octubre de 1857 había comenzado a circular en el departamento de Curicó El Curicano, primer periódico de todo el territorio colchagüino. Sin embargo, San Fernando no había tenido aún un órgano de expresión propio; ni siquiera contaba con imprenta. El Eco vino a llenar ese vacío instalando los primeros talleres tipográficos de la ciudad y ofreciendo a los sanfernandinos un medio que, desde su prospecto fundacional, se definió como un instrumento de reforma y progreso local.

“En vista de tales consideraciones nos hemos determinado hoi a traer una imprenta a San Fernando, i a publicar por ella un periódico, destinado especialmente a representar los intereses locales del departamento; i, en este sentido, nos arrogamos el derecho de hacer presente sus necesidades; de manifestar los medios más obvios de subvenir a ellas; i de dar cuenta de la marcha mas o menos progresiva que nos sea dado introducir en él con nuestra publicación. Puede que a veces nos veamos en la urjente necesidad de hacer reproches a las autoridades; pero nuestra pluma se prestará siempre mas gustosa para encomiar sus actos en el buen desempeño de las obligaciones anexas a sus cargos. La discusión razonada i no la diatriva insolente será nuestra regla de conducta.

Como no es posible circunscribir la acción de un periódico a los intereses de una estrecha localidad; i como es ademas induvitable que ciertas cuestiones jenerales afectan efiscazmente a esos mismos intereses; abogaremos tambien por la reforma de

La constitucion política del Estado.

La lei de municipalidades.

La lei de imprenta.

La independencia del poder judicial.

Porque esas leyes son las que deciden de la prosperidad moral i material de todos los pueblos, desde que sin ellas es a todas luces imposible el órden social” (Transcrito en El Ferrocarril, 6 de diciembre de 1858)

El prospecto mostraba también la conciencia de que la empresa periodística nacía bajo sospecha en ciertos círculos afines al gobierno: “Sabemos que aún antes de comenzar nuestra publicación hay cierto círculo que gratuitamente le atribuye miras siniestras y bastardas y que no faltan personas predispuestas para cruzar nuestras miras, pero prescindiremos de uno y otro, en la firme convicción de que quien prejuzga mal ajenas intenciones, tiene por lo regular que avergonzarse, cuando no se arrepiente de sus temerarios juicios”. A renglón seguido, el periódico hacía “un llamado al patriotismo de todos los comprovincianos para hacer un último esfuerzo para realizar de una vez en Chile la verdadera república democrática”. La primera edición apareció el 9 de diciembre de 1858, precedida algunos días antes por la publicación del prospecto.

El Eco reunió a plumas de primer orden del liberalismo chileno. Entre sus colaboradores figuraron Guillermo Matta, Benjamín Vicuña Mackenna, José Antonio Torres e Isidoro Errázuriz. Vicuña Mackenna, en particular, publicó en el número 7 del 29 de diciembre de 1858 su defensa en el proceso que se le seguía, hecho que él mismo consignó en su diario de prisión. El periódico El Curicano saludó su aparición con entusiasmo: “Tenemos conciencia de que él será eco fiel de los patriotas de la capital de Colchagua”. Abrazó, además, la causa de la asamblea constituyente como vía para reformar la Constitución de 1833, sumándose a una corriente que compartían diarios como La Actualidad y La Constituyente de Santiago o El Copiapino de Copiapó.

Esa vocación reformista resultó intolerable para el gobierno de Manuel Montt. El agente fiscal Nicolás Herrera acusó al periódico de haber infringido el artículo 10 de la ley de imprenta, que castigaba las imputaciones de crímenes a funcionarios públicos. El escrito cuestionado fue la editorial de aquel número 7, donde El Eco denunciaba sin rodeos “las demasías del poder, los abusos inauditos de las autoridades que, extralimitando sus facultades, han burlado hasta las disposiciones de nuestra carta fundamental; la corrupción administrativa de que somos presa, de siete años atrás en todos los ramos de la administración; el despotismo semibárbaro con que imbéciles mandones han pretendido imponer su voluntad a los pueblos; ese impulso retrógrado, en fin, dado por el poder a la república para llevarla de una vez a su inminente ruina”. El periódico se defendió argumentando que “jamás nos habríamos persuadido de que las ideas emitidas en ese artículo pudieran merecer una acusación, porque esas ideas son las mismas que han repetido hasta el cansancio todos los diarios y periódicos de la república”.

La suerte del periódico estaba echada. El jurado de imprenta declaró “ha lugar a la formación de causa” y, en el clima represivo que rodeó a la Revolución de 1859, El Eco de San-Fernando fue clausurado. Tan breve fue su existencia que, años más tarde, el redactor de El Dieziocho de Setiembre diría de él que “nació, es verdad, pero nació para morir en la lactancia”. Pese a su efímera vida, aquel primer periódico sanfernandino abrió un camino que ya no se cerraría. En nuestros tiempos, El Eco de San-Fernando parecía olvidado, pues ni siquiera sus ediciones son conservadas en la Biblioteca Nacional. Más, se reconocía erróneamente a El Porvenir, de 1864, como el primer periódico sanfernandino. Sin embargo, en el libro “Diez años de El Marino”, del autor de este artículo, se relevó su rol como auténtico pionero del periodismo de la provincia.