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Llega el ferrocarril a San Fernando

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Llega el ferrocarril a San Fernando

La historia del ferrocarril en Chile había comenzado oficialmente el 25 de diciembre de 1851, cuando la locomotora recorrió por primera vez el tramo que unía Copiapó con Caldera. Desde ese momento, la segunda mitad del siglo XIX se convertiría en el período de consolidación y expansión de un sistema que prometía transformar el país. Ferrocarril era sinónimo de progreso, básicamente. En 1855, un grupo de empresarios, entre los que figuraban José Tomás Urmeneta, Domingo Matte, Matías Cousiño, Javier Errázuriz Sotomayor y Emeterio Goyenechea Gallo, formó la Compañía del Ferrocarril del Sur, tomando con cautela las lecciones aprendidas en la construcción del ferrocarril de Valparaíso a Santiago. Los trabajos comenzaron al año siguiente, bajo la dirección de ingenieros como Emilio Chevalier, Augusto Charme y el norteamericano Walton W. Evans, quien había participado en la línea Copiapó-Caldera. El primer tramo unió Santiago con Rancagua, destacando en esta fase el puente sobre el río Maipo, a cargo de Henry (Enrique) Meiggs.

Las vías continuaron su avance inexorable hacia el sur, superando ríos y esteros mediante puentes que constituían verdaderas proezas de la ingeniería de la época. Hacia 1860 se habían levantado siete de estas estructuras y ya se construía la Estación Central en Santiago. Sin embargo, el avance no estuvo exento de enormes obstáculos geográficos y climáticos. Aunque para septiembre de 1862 el tráfico ya estaba habilitado hasta Pelequén y restaban solo once millas para alcanzar Colchagua, el crudo invierno de ese año puso a prueba la infraestructura. Las fuertes lluvias y las grandes avenidas de los esteros ocurridas en junio minaron terrenos y obligaron a construir vías provisionales; de hecho, el cauce del estero de Paine cambió bruscamente, desplomando un machón del puente del “Troncoso” en la Angostura y paralizando el transporte de carga por cinco semanas. Pese a ello, las obras se impusieron por su solidez, destacando estructuras monumentales como el puente sobre el río Cachapoal, de 800 pies de largo, y el flamante puente sobre el estero de San Fernando, compuesto por cuatro claros de 100 pies cada uno, vigas de fierro y profundos cimientos en el lecho del río. Finalmente, el 3 de noviembre de 1862, la locomotora llegó por primera vez a San Fernando, capital de la provincia de Colchagua. La ciudad fundada por Manso de Velasco en 1742 se conectaba así, mediante rieles, con el resto del país. La estación sanfernandina se convirtió de inmediato en un centro neurálgico de actividad: por sus andenes comenzaron a circular no solo pasajeros y mercaderías, sino también las noticias frescas, las modas capitalinas y las ideas de un Chile que se modernizaba a paso firme.

“Hoi 3 de noviembre queda entregada al trafico la linea ferrea del sur hasta San-Fernando. He aqui un gran triunfo del espiritu de empresa que deben saludar con entusiasmo todos los que tienen fe en el progreso del pais. Pero ese triunfo no seria complete si el camino de hierro se detuviera en San-Fernando. No: es preciso que ese camino llegue hasta Talca, para que, anuladas las distancias, toda la rejion central de la Repubiica no forme sino una inmensa ciudad de Valparaiso a Talca.

¿Presenciaremos este gran resultado? Asi lo aguardamos. Es imposible que el espiritu atrevido que hasta ahora ha animado a la empresa del ferrocarril del sur i la ha hecho vencer desconfianzas, dudas i temores, venga a abandonarla en la ultima jornada. De todos modos, saludamos el triunfo de hoi i hacemos votos por el que se prepara”. (El Ferrocarril, 3 de noviembre de 1863)

Aviso de horario de salida y llegada de trenes del Ferrocarril del Sur, así como las tarifas, desde el 3 de noviembre de 1862, publicado en El Ferrocarril del 4 de noviembre de ese año.

Esta visión ya resonaba en los planes de la Junta Directiva. Según detallaba el Séptimo Informe Anual presentado en septiembre de ese mismo año por José T. de Urmeneta, el Directorio ya había ordenado exploraciones ligeras hacia Talca y Perales. Motivados por las gestiones de un agente inglés, los directivos solo estaban a la espera de que el Gobierno decidiera otorgar las garantías económicas necesarias para acometer la prolongación de la ruta hacia el sur.

El impacto económico y social fue profundo. Los productos agrícolas del fértil valle colchagüino —trigo, frutas, ganado— encontraron una vía rápida y segura hacia los mercados de Santiago y Valparaíso, dinamizando la economía provincial. La magnitud de este auge productivo ya se anticipaba en los registros previos a la llegada a la ciudad: en apenas doce meses, la línea había movilizado a más de 330.000 pasajeros y transportado cientos de miles de quintales de trigo, harina y maderas. Para consolidar esta integración comercial con el puerto, la Compañía del Ferrocarril del Sur vendió más de 30.000 varas cuadradas en la Estación Central a la empresa del tren de Valparaíso, agilizando el flujo logístico. La estación sanfernandina debía estar a la altura de tal demanda, por lo que el ingeniero en jefe, Guillermo C. Buchanan, la diseñó con una disposición distinta al resto de las estaciones de la red, incorporando desvíos adicionales precisamente para dar cabida a ese intenso y dinámico manejo del tráfico. Así, comerciantes, hacendados y funcionarios públicos coincidían en los andenes, mientras la estación se rodeaba progresivamente de focos comerciales que transformarían la fisonomía urbana de San Fernando. “Las primeras luces de un ferrocarril que transitaría por el fértil valle de Colchagua se verían primero con la llegada del tren a la estación de San Fernando”.

Aquel hito ferroviario fue el germen de un proyecto aún más ambicioso. Sugerido por el propio Henry Meiggs, comenzó a planearse un ramal que uniera San Fernando con el litoral, atravesando el valle y la cordillera de la costa hasta alcanzar el balneario de Pichilemu, donde se construiría un puerto. Las obras, que se iniciaron a fines de la década de 1860 bajo la dirección del ingeniero Alejandro Guzmán Schremser, demorarían seis décadas en completarse: el primer tren llegó a Palmilla en 1873, a fines de la década de 1880 arribó en Alcones, y solo el 5 de enero de 1926, tras sortear innumerables dificultades técnicas y administrativas —entre ellas la perforación del túnel El Árbol, el más largo de Chile en su tiempo—, el convoy alcanzó la costa. San Fernando quedaba así consolidada como cabecera y punto de empalme de un sistema que integraba el valle central con el Pacífico colchagüino.

La llegada del ferrocarril selló el destino de la ciudad como núcleo articulador de Colchagua durante los siguientes cien años. En 1884, la creación de la Empresa de los Ferrocarriles del Estado fortaleció la red, y en 1913 el primer tren longitudinal unió Iquique con Puerto Montt, consagrando un sistema de 8.883 kilómetros de vía férrea. San Fernando quedó inserta en esa columna vertebral que fomentó el desarrollo de pueblos y ciudades, contribuyó a la comercialización de los productos producidos en la provincia, e integró económicamente las regiones más apartadas del país. La estación sanfernandina, tantas veces fotografiada y recordada por generaciones, quedó grabada en la memoria colectiva como símbolo de una era en que el progreso se medía en kilómetros de riel y el silbato del convoy anunciaba, puntual, que la modernidad seguía avanzando por el valle.

Frontis de la estación San Fernando en 2022 (Foto del proyecto “Lugares y vestigios del ramal San Fernando-Pichilemu” del diario El Marino).