groups Comité Bicentenario de Colchagua

San Fernando recupera la capitalidad de Colchagua

La decisión de las Leyes Federales de 1826 de fijar en Curicó la capital de la provincia de Colchagua había sido resistida desde el primer momento por la ciudad de San Fernando, que consideraba esa designación un despojo de su jerarquía histórica. Con la separación del departamento de Talca, erigido en provincia en 1833, el argumento que había justificado a Curicó como cabecera —su posición equidistante entre San Fernando y Talca— perdió todo sustento. Ya en 1834, la Municipalidad de San Fernando, presidida por el intendente Feliciano Silva, acordó solicitar formalmente al Gobierno que se declarara a la ciudad capital de la provincia, argumentando que “habiéndose desmembrado el territorio de Talca, elevado actualmente al rango de provincia, parecía haber cesado las causas que dictaron aquella determinación”. El presidente Joaquín Prieto remitió el expediente al Senado en octubre de ese año, pero la iniciativa quedó entonces sin resolución definitiva, aunque la Comisión de Gobierno alcanzó a dictaminar en 1835 que la ley que señalaba la demarcación de provincias “está en desuso y debe creerse ya derogada por acuerdos posteriores de la legislatura”.

Seis años más tarde, la causa sanfernandina encontró un nuevo y decisivo impulso. El 22 de junio de 1840, el diputado por el departamento de San Fernando, Francisco Arriagada Argomedo, presentó en la Cámara un proyecto de ley de un solo artículo: “La capital de la provincia de Colchagua es la ciudad de San Fernando”. La iniciativa fue acogida favorablemente y aprobada en los mismos términos por los diputados, desde donde se remitió al Senado el 24 de julio. Para entonces, la residencia efectiva de las autoridades provinciales en San Fernando era un hecho consumado que reforzaba la justicia del reclamo. La representación colchagüina no hacía sino pedir que la ley reconociera lo que la práctica administrativa y la geografía ya habían sancionado.

El Senado abordó el proyecto en su sesión del 27 de julio de 1840, bajo la presidencia de Gabriel José Tocornal. Cumplido el trámite de cuenta, la iniciativa pasó a la Comisión de Gobierno, que evacuó su informe apenas una semana después, el 3 de agosto. El dictamen, suscrito por Andrés Bello y José Manuel Ortúzar, fue tan breve como contundente: recomendó adoptar el proyecto “por la superior población de la ciudad de San Fernando i principalmente por su posición central”. La idea de que la capital debía situarse en el punto más céntrico de la provincia —y no en sus confines australes, como ocurría con Curicó tras la pérdida de Talca— era un argumento de peso que la comisión hizo suyo sin reservas. El Senado sancionó el proyecto sin dilación, devolviéndolo al Ejecutivo para su promulgación.

El 12 de septiembre de 1840, el presidente José Joaquín Prieto, con la firma de su ministro del Interior Manuel Montt, dictó el decreto que puso fin a catorce años de capitalidad curicana. Los considerandos de la norma recogían fielmente el razonamiento que había impulsado la ley. El artículo único, calcado del proyecto de Arriagada, declaró escueta la resolución.

Santiago, Setiembre 12 de 1840.

23. Atendiendo a las ventajas que reportan el buen servicio y administración interior de los pueblos, de que las capitales de provincia estén situadas en el punto más central del territorio que comprenden; y que la ciudad de Curicó, actual capital de la de Colchagua, se halla situada en los confines del sur de esta provincia, he tenido a bien decretar:

Art. único. La capital de la provincia de Colchagua, es la ciudad de San Fernando. Comuníquese e imprímase.-Prieto.-Manuel Montt.

El decreto de 1840 restituyó a San Fernando el rango que su historia, su población y su ubicación le reclamaban desde mucho antes de que el federalismo de 1826 lo despojara de él. La ciudad fundada por Manso de Velasco en 1742, cabecera del corregimiento y del partido colonial, volvía a ser el centro indiscutido de la provincia. Curicó, que había sido capital por una decisión política que pronto la realidad desmintió, quedaba como cabecera de su propio departamento, mientras San Fernando iniciaba una nueva etapa en la que consolidaría su papel como corazón administrativo de Colchagua, una posición que ya no abandonaría, al menos por varias décadas.