groups Comité Bicentenario de Colchagua

Talca se separa de Colchagua

La decisión de fijar en Curicó la capital de la provincia de Colchagua, en agosto de 1826, desató un profundo malestar en Talca. La medida fue percibida como una afrenta intolerable por una ciudad que duplicaba o triplicaba en población a la villa designada cabecera y que, situada junto al río Maule y cercana al puerto de Constitución, se sabía poseedora de mayor jerarquía comercial y social. Apenas conocida la demarcación, los talquinos iniciaron una campaña de resistencia: en las elecciones parroquiales se negaron a elegir párroco mientras dependiesen de Curicó, y en las municipales escribieron en sus cédulas que no elegirían funcionarios bajo esa subordinación. En octubre de 1826 el cabildo elevó un extenso memorial al Congreso exigiendo la separación y, al ser desechada una moción para erigir la provincia de Talca, una asamblea popular acordó formar una comisión encargada de proseguir las súplicas y, si no se lograba variar lo dispuesto, retirar a los diputados talquinos del seno del legislativo nacional.

La ruptura más ostensible llegó en mayo de 1827, cuando los vecinos de Talca, en abierto desafío a la Asamblea Provincial de Colchagua, constituyeron su propia Asamblea Departamental. El 19 de ese mes presentaron sus poderes diputados en representación de Talca, Pelarco, Lontué, Curepto, Pencahue y Talpén, y designaron a José Miguel Opazo y Artigas como presidente. El acto fue solemnizado con el juramento de lealtad del gobernador interino, el cura párroco, el comandante de armas y numerosos religiosos, y la noticia se comunicó al Gobierno como una declaración de independencia de hecho. El cabildo talquino acogió la instalación con júbilo y decretó que las sesiones quedaran bajo el patrocinio de la Virgen y San José. La Asamblea Departamental funcionó como un pequeño parlamento, aunque ilegal: fijó límites, nombró comisiones, declaró intendente al gobernador interino y aprobó reglamentos, mientras la provincia de Colchagua veía con impotencia cómo uno de sus tres departamentos originales se gobernaba con entera prescindencia de su autoridad.

El triunfo conservador en Lircay y el ascenso de Diego Portales endurecieron la posición del Gobierno central. Portales consideró la resistencia talquina como una insubordinación inaceptable y, en 1830, autorizó al intendente de Colchagua a intervenir directamente en la gobernación departamental. Pero el gobernador Dionisio Sancristóbal se negó a obedecer despachos cursados por conducto del intendente, sosteniendo que Talca “se hallaba separado del resto de la provincia”. La negativa del cabildo a someterse —llegó a responderse que, si se les obligaba por la fuerza, harían dimisión de sus destinos— obligó a Portales a desplazar a las autoridades renuentes. Pese a ello, el cambio de funcionarios no acalló el anhelo autonomista, que resurgió con fuerza cuando, en 1833, los talquinos se negaron a jurar la nueva Constitución. Fracasadas las gestiones conciliadoras del intendente Feliciano Silva, el propio Portales comprendió que seguir luchando contra la voluntad unánime de un pueblo era inútil y ofreció una salida: si juraban la carta fundamental, Talca sería provincia.

El 26 de julio de 1833 la Plaza Mayor de la ciudad fue escenario de una ceremonia cargada de simbolismo, en la que el vecindario prestó juramento a la Constitución entre aclamaciones y festejos costeados por el cabildo. La promesa se cumplió con celeridad: el 5 de agosto el Congreso Nacional aprobó el proyecto de ley que creó la provincia de Talca, y el 30 de ese mismo mes entró en vigor. La nueva jurisdicción nació con límites precisos: al sur el río Maule, al norte el río Lontué incluyendo sus islas, al este la cordillera de los Andes y al oeste el mar, quedando compuesta inicialmente por un único departamento. Su primer intendente fue el teniente coronel Lorenzo Luna, quien asumió a fines de noviembre de ese año. Apenas dos años más tarde, en 1835, el presidente José Joaquín Prieto promovió la creación del departamento de Lontué, con cabecera en la naciente villa de Molina, y en 1882 se sumaría el departamento de Curepto, completando la fisonomía de una provincia que había nacido de la más tenaz y prolongada rebeldía local contra la capitalidad de Curicó y la autoridad colchagüina.